
| Mi Esperanza Bienaventurada |
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| Written by Steve Cobb | |
| Monday, 19 November 2007 | |
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“Porque la gracia de Dios se ha manifestado, trayendo salvación a todos los hombres, enseñándonos, que renunciando la impiedad y los deseos mundanos, vivamos en este mundo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación de la gloria de nuestro gran Dios y Salvador Cristo Jesús, quien se dio a sí mismo por nosotros, para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo para posesión suya, celoso de buenas obras.” Tito 2:11-14 LBLA La esperanza es una de las tres virtudes más esenciales para la salud del alma del ser humano (1Co.13:13). Al perder la esperanza uno se vuelve desesperado. La Biblia dice que “la esperanza que se demora es tormento del corazón,” y también que “la esperanza en Cristo no avergüenza” (Pr.13:12 y Ro.5:5). Hay muchos cristianos que no gozan de la vida abundante que trae Jesús porque carecen de la virtud de la esperanza. Su esperanza no tiene una razón sólida que pueden explicar. Es por medio del discipulado bíblico adecuado que uno comprende el plan y el propósito de Dios para su vida, capacitándole a explicar la razón por su esperanza en Cristo. Esto aumenta su sentido de significado y valor propio y el gozo del Señor le fortalece. La fe cristiana es una fe escatológica porque da seguridad de cómo la vida personal y el universo finalizarán. Para algunos cristianos su esperanza bienaventurada es el “rapto” porque han sido enseñados que lo que la humanidad espera en el pronto futuro es una gran tribulación causada por un Anticristo que gobernará el mundo entero. Pero antes que tome el poder, Dios hará que Su Iglesia escape de esa “hora de prueba”. Para otros como yo, su esperanza es en el cumplimiento de la promesa de Dios de llenar la tierra de la gloria de Cristo, como expresado en Tito 2:11-14 al inicio. En esta breve exposición deseo mostrar la razón que Dios da por esperar cielos nuevos y tierra nueva, y echarle ganas en el poder y la gracia de Cristo para avanzar Su reino en esa dirección. En Isaías 51:16 Dios dice que estableció los cielos y puso fundamento a la tierra cuando sacó los hijos de Israel de Egipto y los constituyó como pueblo Suyo, dándoles Su gobierno y Su palabra. Solamente las personas que están en Cristo Jesús pueden tener la esperanza divina de que Dios establezca Su gobierno (Su reino) en sus vidas y en toda la tierra, dándonos cielos nuevos y tierra nueva. No hay ninguna filosofía o religión humana que proporciona al hombre una esperanza tan segura de un futuro extraordinariamente mejor como lo hace la verdad de Cristo. Todo cristiano debe poder expresar con pensamientos bien compresibles la razón por la esperanza que tiene. “Santifiquen a Cristo como Señor en sus corazones, y estén siempre preparados para presentar defensa ante todo él que les pida razón de la esperanza que hay en ustedes” 1P.3:15. Al fin del primer Siglo, el evangelio había sido predicado hasta los fines del mundo conocido de aquel entonces (Col.1:5-6), y el mayor tesoro de la Iglesia fueron los escritos de los apóstoles que luego formaron el canon del Nuevo Testamento. Cada nueva generación de cristianos enfrenta el mismo desafío de escudriñar las Escrituras para llevar a cabo la voluntad de Dios en obediencia a Su llamado. No hay ningún cristiano que no tiene dones y mucho que ofrecer para el progreso del evangelio hacia el día glorioso de Cristo. Solo falta que se dedique al discipulado adecuado que Jesús le ofrece en Su Iglesia. Algunos Padres eclesiásticos del Siglo II, como el pastor de Hermas, Justino, Ireneo, Tertuliano e Hipólito, no viendo el cumplimiento de las profecías de Cristo en la destrucción de Jerusalén (70DC), enseñaron que “el Anticristo” estaba a la puerta en su generación y que la “gran tribulación” y la 2ª venida de Cristo estaban en el futuro inminente. De hecho en cada generación de la historia de la Iglesia, ha habido los que han creído que Cristo vendría durante su vida y se iniciaría pronto el reino de paz mileniar. Otros como Orígenes y Agustín reconocieron el cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento y los de Cristo en la destrucción de Jerusalén y enseñaron la interpretación alegórica de los pasajes apocalípticos, diciendo que el milenio ya inició con el establecimiento del Nuevo Pacto de Dios con los hombres en Jesús. El reino de Dios ya está en operación en el mundo y gustamos los poderes de Siglo venidero ahora en Cristo (He.6:5). El papel de la Iglesia es glorificar a Dios por permitir que Cristo transforme a la sociedad por medio de la ministración de Su evangelio, y esperar la culminación de Su reino en el futuro. Esta perspectiva predominó en la Iglesia hasta la Reforma del Siglo XV cuando nació la “interpretación protestante” de la escatología con su énfasis en “etapas históricas” de la Iglesia que se pudieran apreciar en el libro de Apocalipsis. También enfatizó el sistema del papado romano como “el Anticristo.” Para combatir esta enseñaza, la Iglesia Católica reavivó la enseñanza futurista del surgimiento de un Anticristo político universal que traería una gran tribulación antes de la venida de Cristo. En las primeras décadas del Siglo XIX, Juan Darby de Irlanda, estimulado por la enseñanza premileniar de Lacunza, postuló la doctrina del rapto de la Iglesia antes de la gran tribulación y lo llevó a Norte América en seis viajes, 1859-1874. Allí la doctrina del rapto halló gran acogida siendo adoptada como el estándar de la escatología bíblica por muchos seminarios e institutos bíblicos. El dispensacionalismo de Darby fue propagado al extremo durante el Siglo XX por la impresión de la Biblia Schofield en 1901. La interpretación de que Cristo arrebatará Su Iglesia del mundo y regresará poco después con ella para reinar mil años (el premilenialismo), es cuestionable. Implica que los seres humanos en Cristo se despojarán de la mortalidad en el rapto, pasarán un tiempo corto en el cielo y regresarán con Cristo a reinar con Él en sus cuerpos inmortales durante mil años, mientras la población mundial mortal tenga su última oportunidad de recibir a Cristo como su Salvador y Señor. También implica que la nación de Israel restaurará su antiguo sistema religioso, con un sumo sacerdote Aarónico y harán sacrificios de animales en el Templo en Jerusalén. La perspectiva premilenialista (que Cristo vendrá visiblemente en dos manifestaciones en las nubes – el rapto y la parousía) ha sido influenciada por la teología dispensacional de Darby, que enseña que Dios trata con la humanidad conforme a siete pactos históricos que ha decretado: la dispensación de la inocencia, de la conciencia, del gobierno, de la promesa (a Abraham), de la Ley Mosaica, de la Iglesia, y del milenio. Una piedra angular de este sistema teológico es su enfoque hacia la descendencia natural de Abraham como el enfoque principal del plan de Dios. Enseña que la Iglesia de los gentiles es un paréntesis en Su plan. Tal pensamiento es incongruente con muchos aspectos del carácter de Dios. El pueblo de Dios es un solo pueblo, un solo árbol (Ro.11). Las “ramas” contadas por descendientes de Abraham son las de la fe de Abraham, no las ramas naturales biológicas. Dios no es racista ni demuestra favoritismo. Las promesas de Dios a Abraham son para el hijo de la promesa y los que descienden de él, no biológicamente, sino los hijos de la fe de Abraham. Hay personas hoy que tratan al judío como si fuera miembro de una raza superior. Es imposible hoy comprobar que uno sea descendiente biológico de Abraham. Cuando leemos las Escrituras del Nuevo Testamento, para la exégesis responsable, hemos de procurar leerlo primero desde el punto de vista de los lectores originales del 1er Siglo. Hemos de procurar interpretarlo primero como uno de los cristianos de la 1ª generación a quienes fueron escritas estas cosas, viviendo antes de la destrucción de Jerusalén. Viendo el mensaje desde esa perspectiva, hemos de diferenciar las promesas y eventos que fueron cumplidos con ellos y discernir lo que resta para aplicarlo a nuestra vida hoy. En Mt.24:34, Mr.13:30, y Lu.21:32, Jesús dijo que no pasaría esa generación hasta que todas esas cosas sucedieran. Esa declaración ha causado dos extremos de pensamiento. Por un lado, los liberales como Albert Schweitzer, que no ven como pudieron haberse cumplido esas cosas en la destrucción de Jerusalén, opinan que Jesús se equivocó, posición que no podemos soportar. Y por otro lado, los que dicen que mucho de Mateo 24 fue cumplido en la destrucción de Jerusalén, pero proyectan los versos 36 en adelante a un tiempo en el futuro. Dicen que Jesús hablaba de una generación futura en la que sucederían todas esas señales – la generación septuagésima de Daniel 9:24-27. Esta 2ª posición parece lógica, pero no existe ninguna razón hermenéutica por la separación entre la Semana 69 y la septuagésima en los pasajes bíblicos. La 3ª opción es la de la posición preterista (no mencionada en esta lección), que postula que la mayoría de las señales predichas por Jesús en Mt.24, Mc.13, y Lu.21 se cumplieron en la 1ª generación cuando Jesús vino sobre Jerusalén en juicio, tal como profetizó que lo haría. Esta posición al oírlo por primera vez asusta a algunos porque suena como si se estuviera quitando “la esperanza bienaventurada” de la futura venida de Cristo. Pero todavía existen algunas profecías por cumplirse, por ejemplo, el reino de Dios ha de llenar la tierra como Daniel e Isaías profetizaron, y la justicia de Cristo ha de ser realizada en todo ser humano, o por juicio o por transformación. Parte de la razón por las diferentes interpretaciones escatológicas ha sido por la influencia de la Biblia Autorizada King James Version (KJV) en inglés. Los señores Darby, Schofield y los seminaristas de la primera mitad del Siglo XX, que inventaron la enseñanza dispensacional, usaron la Biblia KJV para sus estudios. Es cierto que esta versión es una traducción confiable, pero algunas palabras en sus pasajes escatológicos pueden llevarle a uno a prejuicios y equivocaciones de sentido, si no considera el significado de las palabras originales. Por ejemplo, en Mt.24:3, la versión KJV termina con la frase “fin del mundo”, cuando una traducción más precisa de la palabra griega aion es “fin del siglo”. Jesús no estaba dando las señales del fin del mundo sino las del fin del siglo, o el fin de la época del Antiguo Pacto. También en el pasaje de introducción, Tito 2:11-14, si no se consulta el idioma original, puede dar una idea distinta de lo que está comunicando. La lectura superficial de la traducción RV60, que sigue en este caso la versión KJV, parece comunicar que la “esperanza bienaventurada” sea la manifestación del Señor mismo. Pero la estructura de la oración en griego da a entender que la manifestación es de la gloria del Señor, y esa es la esperanza bienaventurada del creyente, como es traducido en LBLA. La Iglesia norteamericana hizo popular la perspectiva dispensacionalista durante el Siglo XX y merece ser cuestionada y no simplemente tragada, como si fuera la razón de Dios. Se puede creer plenamente en la 2ª venida de Cristo cumplida en el 1er Siglo con la destrucción de Jerusalén y en la culminación futura del reino de Dios y el encuentro personal con Jesús. ¿Cuál es nuestra esperanza bienaventurada? Para algunos es “el rapto” premilenial de la enseñanza popular. Para otros es el establecimiento de nuevos cielos y nueva tierra en sus vidas, terminando con la consumación del reino de Cristo, cuando Jesús entregue el reino a Dios Padre, después que haya abolido todo dominio y autoridad (1Cor.15:24). Todos serán resucitados, algunos a condenación y otros a vida eterna, y la muerte será destruida porque no habrá más pecado e injusticia. Dios ama a Su creación y está determinado a ser glorificado en ella. Es con el gozo de esta esperanza segura que me consagro a servirle. |
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