
| Edicion Agosto 2003 |
|
|
| escrito por James Jankowiak | |
| jueves, 12 de abril de 2007 | |
|
Todos queremos la unidad del Cuerpo de Cristo, pero al buscarla a veces nos parece muy ideal o hasta inalcanzable. Creo que esto es debido a tres razones principales: Primero, pensamos que la unidad quiere decir la uniformidad. Segundo, confundimos un ministerio o una congregación con la iglesia universal. Tercero, nos olvidamos que no somos perfectos y que realmente estamos en un “proceso” de ser perfeccionados por nuestro Señor Jesús. En la primera instancia tenemos que reconocer que hay una diversidad de dones, operaciones, y ministerios en el Cuerpo de Cristo. Como en un cuerpo humano donde millones de células forman diversos órganos, tejidos, huesos, nervios, etc., también hay multitudes de congregaciones y organizaciones dentro del cristianismo, cada una con una función particular para la edificación de todas. Este concepto obedece el principio de la individualidad en la unidad. Somos el Cuerpo de Cristo, y miembros en particular. Cada creyente es una creación especial de Dios, y todos juntos formamos—con los distintivos que tenemos como individuos—la novia que Jesús está preparando para sí mismo. En segundo lugar, Ministerios Verbo, o cualquier otra iglesia o ministerio, no es el Cuerpo de Cristo. Somos una parte pequeña con una misión única que tenemos que cumplir en Dios junto a todas las otras partes del Cuerpo. Cuando hablamos como si fuésemos la iglesia absoluta, fácilmente definimos la unidad como adherencia a nuestras creencias y prácticas. Desgraciadamente, los que dejan el ministerio, por las razones que sean, pueden ser tachados de rebeldes o quebradores de pacto, cuando en la realidad no es así. Lo que pasa muchas veces es que personas entran en Verbo u otras iglesias con toda el buen deseo de formar parte y con el pasar del tiempo y su crecimiento en la vida cristiana van definiendo su llamado y la ruta que Dios desea darles, siendo así enviados a otros lugares para ser de bendición. Las Escrituras dicen en 1 Corintios 12:18, “Mas ahora Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como quiso”. Esto es cierto. Sin embargo, tal vez por falta de conocimiento de nuestra verdadera identidad espiritual, o porque alguien nos dijo (a veces en forma de “profecía”) que nuestro lugar esta en tal iglesia, pasamos un tiempo tratando de encajarnos en lo que no es nuestro. Precisamente por eso el Apóstol Pablo dice en 1 Corintios 12:17, “Si todo el cuerpo fuese ojo, ¿dónde estaría el oído? Si todo fuese oído, ¿dónde estaría el olfato?”. Tenemos que buscar a Dios para que Él nos indique el lugar donde el nos quiere, y cual es nuestra función dentro de ella. Al estar en nuestro hogar espiritual debemos ser fieles colaboradores con la obra puesta por delante, siguiendo la dirección de Dios en Hebreos 13:17, “Obedeced á vuestros pastores, y sujétense á ellos; Porque ellos velan por vuestras almas, como aquellos que han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no gimiendo; porque esto no os es útil”. El tercer asunto que mencioné es que no somos perfectos. Hacemos cosas que no debemos hacer. Si entendemos eso, podemos darnos cuenta que a pesar del hecho que Dios quiere que seamos perfectamente unidos en un cuerpo, un Espíritu, un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, estamos en un proceso de perfeccionamiento. Por fe, somos perfectos. En la manifestación de nuestra salvación somos como Pablo en Filipenses 3:13-14, “Hermanos, yo mismo no hago cuenta de haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome á lo que está delante, prosigo al blanco, al premio de la soberana vocación de Dios en Cristo Jesús”. Por eso necesitamos la gracia de Dios para continuar, para perdonar, y para ser fieles al llamado que Él nos dio, aunque las circunstancias parezcan adversas. Pablo y Bernabé, por ejemplo, eran grandes amigos. Fue Bernabé que discipuló a Pablo, le presentó a los líderes de la iglesia en Jerusalén, y fueron los dos de viaje misionero. Sin embargo, llegó un momento en el cual los dos entraron en tal contención sobre quienes a llevar como asistentes en su próximo viaje, que se separaron y fueron por direcciones opuestas. ¿Fue esa contención la voluntad de Dios? Me parece que no. ¿Será que este incidente está en la Biblia para mostrarnos que hasta los grandes hombres de Dios se pueden equivocar, que todos en todo tiempo necesitamos de gracia y perdón? Es muy posible que Dios quería ampliar la obra misionera por medio de separar a los dos con sus respectivos ayudantes para que cubriesen así más territorio y llegasen a más gente. Bernabé podría haber llevado a Juan Marcos, y Pablo a Silas sin contención, sin argumento, si se hubieran puesto de acuerdo. Puede ser que ellos mal definieron la idea de unidad y por eso no vieron el cuadro más amplio que Dios les estaba presentando de separarse para alcanzar todavía más para el Reino de Dios. En la iglesia también suceden estas situaciones cuando la gente lucha y destruye para demostrar que su perspectiva de la verdad es la verdad, y siempre la iglesia sale dañada. La separación amigable mantiene la unidad del Cuerpo, reconoce la diversidad de habilidades y llamados, no eleva una iglesia o ministerio sobre otros, y toma en cuenta el hecho que no somos dueños de la verdad hasta que Cristo nos lave completamente por su Palabra, conformando nuestra mente a la de Él. Hasta ese entonces, trabajemos por la unidad, haciendo todo para mantener la paz y siempre estimulando a los otros que realicen sus llamados de parte de Dios para la extensión del Reino. |