
| Aptos Para Compartir Nuestra Esperanza |
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| escrito por Mynor Herrera | |
| jueves, 12 de abril de 2007 | |
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Uno de los momentos más importantes de todo creyente es el instante en que Dios, por su misericordia, se revela tan claramente a nosotros; de repente estamos frente a ese Dios omnipotente y a la vez amoroso que está ofreciéndonos cambiar nuestra vida y darnos una vida nueva, abundante y eterna. Este momento de encuentro con Dios trae una esperanza particular a los creyentes, pues descubrimos la verdadera vida, nuestro propósito y sobre todo la razón de vivir. En su primera carta el Apóstol Pedro exhorta a todos los creyentes a santificar a Dios, El Señor, en nuestros corazones y a estar siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que nos demande razón de la esperanza que hay en nosotros. (1ª. Pedro 3:15) Esto de la defensa no es más que estar preparados y capacitados para explicar a otros lo que hemos experimentado en el conocimiento de Cristo y cómo Él nos ha mostrado un camino mejor, un camino que al recorrerlo nos cambia la vida y nos hace ser diferentes a los demás… porque ahora tenemos algo que antes no teníamos: a Jesucristo la esperanza de Gloria. Los creyentes tenemos la responsabilidad de anunciar las Buenas Nuevas, predicando el Evangelio a todo hombre y a toda mujer y también enseñando a todo hombre y a toda mujer en toda sabiduría de Dios por medio de su Palabra. Para poder hacer esta labor, es necesario que estemos capacitados, es decir debemos estar abiertos y dispuestos para que otros nos enseñen y nos instruyan en el conocimiento bíblico. Para lograr hacer la obra de Dios con eficacia, es preciso que el creyente dé los pasos necesarios para ser un discípulo y así ser enseñado y capacitado. Ahora bien, el ser discipulado y estar capacitado nos coloca en un grado de responsabilidad mayor, pues la razón por la cual el creyente se capacita es para poder compartir el evangelio ante aquellos que nos demanden razón de la esperanza que hay en nosotros y también para capacitar a otros creyentes en el conocimiento de las Sagradas Escrituras. Nuestra vida debe ser como un río que tiene agua fresca y agua que corre y no se estanca. Cuanto más conocemos de la Palabra de Dios, mayor responsabilidad tenemos de enseñar a otros. Cuando en la epístola de Tito se exhorta a las mujeres mayores a enseñar a las mujeres jóvenes, se está refiriendo a ese compromiso de transmisión de conocimiento y verdad. Entonces, los creyentes tenemos que estar conscientes que somos un pueblo escogido y que tenemos un sacerdocio real, no debemos perder de vista que somos un pueblo adquirido por Dios para anunciar las virtudes de Aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable. Es mi deseo que ante esta responsabilidad tan grande Usted busque en su iglesia local la forma de capacitarse, pues de esta manera también estará apto para capacitar a otros. Pablo en su carta a Timoteo le dice: Sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza y ocúpate en la lectura, la exhortación y la enseñanza. Dios tiene planes para su vida, pero dependerá de Usted si acepta o no el reto de Dios. Es tiempo de capacitarnos para capacitar a otros. |
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