New! Verbo Brazil's Website, Click here
La Oracion como la Columna de Nuestra Vida Imprimir E-Mail
escrito por Ministerios Verbo   
jueves, 12 de abril de 2007

Perseverad siempre en la oración, vigilando en ella con acción de gracias (Colosenses 4:2).

            Hay algo muy extraño sobre la oración. Sabemos que debemos hacerla, pero a menudo no oramos como debemos. Pensamos que necesitamos ejercitar más disciplina, levantarnos más temprano o dejar de hacer otras cosas que ocupen nuestra atención.

 La mayoría de los cambios que hemos proyectado,  quedan en el archivo de buenas intenciones y nos sentimos hasta peor por no cumplir con nuestras metas espirituales. ¡Gracias a Dios, hay una solución que funciona!

           Comienza con entender lo que es la oración:  Es conversación, es plática, es diálogo. Es juntarse con Dios para pasar un tiempo hablando. Piensen bien: No necesitamos disciplinarnos para hablar con nuestra familia o amigos. Es algo totalmente natural. Lo hacemos todo el día y todos los días. Puede ser que por cuestiones de tiempo tenemos que programar encuentros especiales para esas pláticas más profundas, como entre cónyuges o cuando tenemos algo muy importante a tratar, pero normalmente las conversaciones sencillamente fluyen.

            Cuando vemos la oración como una disciplina espiritual ardua o cuando nos comparamos con los hermanos que parecen vivir en ayunos e intercesiones, claro, la oración parece difícil, algo para los “que tienen el llamado”. Pero cuando la vemos como un contacto directo con nuestro Padre celestial que reside dentro de nosotros en la persona del Espíritu Santo, ya vemos que es posible orar sin cesar.

Acuérdense que toda conversación es una calle de dos vías. Platicamos con Dios, pero tenemos que cerrar la boca y abrir los oídos para oír lo que Jesús está diciendo a nosotros. Tenemos que ser como Isaías, quien dijo a Dios, “Habla, que tu siervo escucha”.

Tenemos que confiar que Dios no sólo quiere hablar con nosotros, realmente lo hace en muchas formas. Jesús dice claramente que sus ovejas conocen su voz y responden. Nuestra parte es aprender a identificar Su voz entre todas las voces y todo el ruido en nuestro mundo, como conocemos la voz de un amigo en el momento que nos habla por teléfono, a pesar de una conexión malísima. Así el diálogo se mantiene todo el día, si estamos conscientes de Su presencia y abrimos el espacio para oír de El.

            Aún con este entendimiento tenemos que luchar contra la formalidad y la religiosidad. No podemos esperar pasar mucho tiempo conversando con Dios si pensamos que la oración es un tipo de discurso formal y aburrido como ocurre a menudo con las largas, enredadas declaraciones que provienen desde algunos púlpitos dominicales. Al contrario, oración es tan común y fácil como estar caminando con un amigo en el supermercado hablando de qué comprar.

            ¿Porqué no? Cuando el apóstol Pablo habla de perseverar y orar sin cesar, ¿Puede ser que intimar es que cuando tratamos a Dios como nuestro amigo íntimo que siempre está a nuestro lado, es más,  pensar en hablar con él todo el día? Yo creo que sí.

            Entonces no es que no sepamos orar o que no tengamos tiempo, sino que creamos una mística no real alrededor del hecho. Si pensamos que la oración implica un montón de observaciones, actitudes y posturas, ya es complicada, como esa persona con voz alterada en la reunión dominical.

El apóstol Felipe probablemente creía que Dios era un ser muy distante que requería mucha formalidad, no un Padre presente. Cuando Jesús dijo, “Si me habéis conocido a mí, también conoceréis a mi Padre”, Felipe replicó. “Señor, muéstranos el Padre, y nos basta”.

            La extraordinaria respuesta de Jesús fue, “Tanto tiempo he estado con vosotros, Felipe, ¿y no me has conocido? El que me ha visto, ha visto al Padre. ¿Cómo, pues, dices tú: “Muéstranos el Padre”? Finalmente, no estoy negando la necesidad de esos momentos formales en un ambiente de maravilla, respeto, reverencia o temor de Dios. Al fin, el es tan amigo como el Eterno Creador, Dios Omnipotente que merece y exige nuestro loor y homenaje. Sólo enfatizo que esos momentos son parte, no el total, de nuestra vida con Jesús, como en la familia hay momentos en los cuales el padre es amigo y otros en los cuales es la autoridad que debe ser obedecida.

Cuando sólo vivimos en esa parte formal poco satisfactoria es posible que estemos atados a la religiosidad en vez de libres en Jesús. Como Felipe aprendió, el Señor es accesible, amigo, cariñoso y presente con sus discípulos. ¡Por eso podemos orar sin cesar, porque El siempre está para contesta!