
| Relacionandose en Cristo |
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| escrito por James Jankowiak | |
| lunes, 18 de diciembre de 2006 | |
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Relacionandose en Cristo Por James Jankowiak El cristianismo tiene una peculiaridad que otras religiones y filosofías no tienen: El concepto de la unidad pura es esencial. Las ilustraciones de quienes somos los creyentes son múltiples: Somos una nación santa, un sacerdocio, un cuerpo, una novia, un rebaño, una nueva creación, una familia, una solo cosa, etc. En el Budismo, por ejemplo, donde la unión con el Todo es un valor, lo que pasa es que el individuo pierde su identidad en el mar de una unión no diferenciada llamada nirvana. La unidad cristiana es totalmente diferente: Formamos una unión con Jesús y los creyentes sin perder nuestra individualidad. No perdemos la conciencia, ganamos una súper conciencia divina. La unidad cristiana siempre comienza con relación. Su material de construcción es el amor, y su cemento es la confianza. Amamos a Jesús porque nos amó primero. El se extendió a nosotros, buscando una relación. Así es en el matrimonio, la amistad, y otras relaciones humanas. Alguien busca una relación con otro, quien responde, y comienza la relación. Por los efectos del pecado, que torció nuestros corazones, consideraciones egoístas a menudo tienen más peso que el amor en nuestras relaciones. Además, en la situación de la iglesia, sí entramos en una relación con Jesús, pero nos encontramos en una iglesia llena de personas con quienes no hemos contemplado tener una relación. Descubrimos que tenemos que amarnos los unos a los otros, ser miembros los unos de los otros, etc., y que somos un solo cuerpo donde la bendición solo reside cuando los hermanos viven en armonía. Al llegar a ser ancianos, nos encontramos en un consejo con personas con quienes muchas veces no tenemos casi nada en común. Se dicen que debemos pastorearnos en el consejo. Lo peor de estas situaciones es que se esperan que nos amemos, que seamos transparentes y honestos, que consideremos los otros superiores a nosotros mismos, que llevemos las cargas de los otros, etc. Si fuéramos a decir la verdad, hay tantos los casos que enseñamos a los hermanos que se amen, que se relacionen, etc., y nosotros los ancianos no lo hacemos. No existe en el consejo un clima de confianza, de respeto, de amor, de colaboración. A lo mejor sospechamos los motivos y ambiciones de los otros. Dudamos que los otros realmente estén buscando nuestros mejores intereses. Solo pinto este cuadro para decirles que el Consejo Nacional reconoce que somos deficientes en estas áreas y vamos a tomar medidas para ayudarnos a todos a desarrollar lo que Dios quiere: Un cuerpo unido que va edificándose en amor. El proceso va a ser largo porque hay mucho que aprender. Vamos a buscar la ayuda de hermanos doctos en áreas de relaciones humanas, cursos, libros, y otros materiales. Para comenzar, hay algunas actitudes que tenemos que disipar. 1. En una estructura jerárquica como Verbo con sus niveles de consejos (lideres de IGHO´s, supervisores, ancianos, miembros de consejos nacionales, regionales, internacionales, etc.) es fácil pensar que los encargados son más maduros que realmente son. Como todos somos imperfectos, necesitamos ayuda en varias áreas. No solo esto, puede ser que haya personas en la congregación con más madurez y experiencia que nosotros que no son líderes. O sea, el ser anciano no es señal definitiva de madurez más allá del resto de la congregación, sino de un llamado a gobernar. 2. El temor que “El compañerismo íntimo genera desprecio” tiene que salir de las mentes de los miembros de consejos. Todos ocultamos cosas cuando pensamos que los otros nos van a quitar nuestra posición si sepan, o van a usar información sobre nuestras vidas contra nosotros en un momento dado. Sí, es posible, pero la idea es construir confianza y un sentir de libertad en la relación en vez de esconder cosas por miedo. 3. Ocultar cosas para “proteger al rebaño” no funciona. La verdad siempre sale. Los hermanos no son necios. Ellos observan lo que está pasando aunque no tienen detalles. ¿Si entre los ancianos la relación cristiana de amor y unidad no fluye, como podemos esperar que fluya en el rebaño? Cuando no hay información, la gente inventa información llamada rumores o chismes. 4. Los criterios nuestros no son necesariamente de Dios, y entre más inversión tenemos en el ministerio, menos estamos amenos a cambios que afectan nuestras posiciones. El hermano del hijo pródigo tenía una inversión fuerte en el statu quo. Era orgulloso de si mismo. Se veía muy dotado y fiel. No quería compartir nada con los que no eran como el. ¿Cuántas personas bloqueamos de una relación con nosotros en el liderazgo porque no llenan nuestros criterios exaltados? Con todo esto dicho les quiero presentar un primero paso que todos podemos practicar luego. Se llama, “El Problema de la Viga.” Lucas 6:37-42 No juzguéis, y no seréis juzgados: no condenéis, y no seréis condenados: perdonad, y seréis perdonados. Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida, y rebosando darán en vuestro seno: porque con la misma medida que midiereis, os será vuelto á medir. Y les decía una parábola: ¿Puede el ciego guiar al ciego? ¿No caerán ambos en el hoyo? El discípulo no es sobre su maestro; mas cualquiera que fuere como el maestro, será perfecto. ¿Por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y la viga que está en tu propio ojo no consideras? ¿O cómo puedes decir á tu hermano: Hermano, deja, echaré fuera la paja que está en tu ojo, no mirando tú la viga, que está en tu ojo? Hipócrita, echa primero fuera de tu ojo la viga, y entonces verás bien para sacar la paja que está en el ojo de tu hermano. La mayoría de nosotros pensamos que cuando hay un problema es por culpa de la otra persona. Raramente pensamos que somos el problema, o si nos pasa ese pensamiento, nos justificamos. Decimos, “No tendríamos este problema si no fuera por Fulano. Si el cambiaría…” No confiamos en los otros ancianos porque ellos no son confiables. No tenemos una buena relación con ellos porque ellos no nos quieren; nos marginan. ¿No dice la escritura, “porque con la misma medida que midiereis, os será vuelto á medir”? Esto quiere decir que si yo estoy juzgando a los otros, yo voy a recibir el mismo de ellos, y nunca vamos a progresar en nuestras relaciones. Todos sabemos que no podemos forzadamente cambiar a la otra persona, pero todos también sabemos que podemos cambiar a nosotros mismos. Cristianamente hablando, cuando hay un problema de relación, tenemos dos alternativas y los dos comienzan con nosotros: Mat 5:22-24 Mas yo os digo, que cualquiera que se enojare locamente con su hermano, será culpado del juicio; y cualquiera que dijere á su hermano, Raca, será culpado del concejo; y cualquiera que dijere, Fatuo, será culpado del infierno del fuego. Por tanto, si trajeres tu presente al altar, y allí te acordares de que tu hermano tiene algo contra ti, Deja allí tu presente delante del altar, y vete, vuelve primero en amistad con tu hermano, y entonces ven y ofrece tu presente. Mat 18:15-18 Por tanto, si tu hermano pecare contra ti, ve, y redargúyele entre ti y él solo: si te oyere, has ganado á tu hermano. Mas si no te oyere, toma aún contigo uno ó dos, para que en boca de dos ó de tres testigos conste toda palabra. Y si no oyere á ellos, dilo á la iglesia: y si no oyere á la iglesia, tenle por étnico y publicano. De cierto os digo que todo lo que ligareis en la tierra, será ligado en el cielo; y todo lo que desatareis en la tierra, será desatado en el cielo. En el primer caso, aparentemente Jesús esta diciendo que si yo hice algo incorrecto o percibido como incorrecto y el otro quebró la relación conmigo, la parte mía es rectificar la situación, no dejarla continuar sin resolución. En el segundo caso es el otro que pecó contra mí. Otra vez, soy yo que tengo que trabajar para restaurar la relación. Dios siempre pone la responsabilidad sobre nuestros hombros espirituales. Bíblicamente, jamás podemos dejar una situación sin resolución, no importa quien tiene la culpa. Si me siento que algo no está bien, mi obligación es buscar la solución, no esperar que el otro haga lo correcto. La viga en el ojo es la inhabilidad de ver que a pesar de las fallas de la otra persona, yo también soy una persona imperfecta con debilidades que causan reacciones en otros. Es la inhabilidad de ver que Jesús pone sobre mis hombros el imperativo de trabajar para encontrar una solución. A seguir son tres pasos para remover la viga de nuestros ojos para estar en condiciones para ministrar a los otros, así restaurando relaciones quebrados, o estableciendo ambientes de confianza y amor. Ore, ¿Señor, cuál es mi problema? Confiese sus pecados a Dios. Hechos 24:16 dice, “Y por esto, procuro yo tener siempre conciencia sin remordimiento acerca de Dios y acerca de los hombres”. Lo que Pablo quiere decir es que él siempre hacía el esfuerzo de conocer a la verdad y la responsabilidad que conlleva precisamente para hacerla. En cuanto a Dios—obedecer sus mandamientos para darle gloria. En cuanto a los hombres—hacer lo que les va a edificar y bendecir. Cuando hemos tomado estos pasos en nuestras relaciones con los otros, estamos en condiciones para acercarnos a ellos para construir amistades. Y no es esto que queremos con nuestros hermanos colaboradores en Jesús, ¿Amistad y relaciones buenas centradas en nuestro caminar hacia la perfección en Cristo? |